De vez en cuando no gusta examinar la opinión que los campeones de la cultura tienen acerca de la tecnología, especialmente en su relación con el libro. Ya hemos relatado aquí lo que Ray Bradbury opina de Internet.
Veamos ahora estas frases:
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“Existen muchas razones por las que no podremos librarnos de los libros. El formato de diskette ya ha desaparecido. No ha durado ni 30 años. Si tengo que dejar un mensaje a la posteridad lo haré en forma de libro y no en soporte electrónico. No le deseo ni a mi peor enemigo leer las obras completas de Proust en formato electrónico.
Pero leer el diario en formato electrónico mientras, por ejemplo, viajás en tren, puede ser muy cómodo. El libro electrónico tiene más posibilidades de sustituir al diario que al libro tradicional. Las ventajas respecto al diario en papel son evidentes: la instantaneidad. Además, podés consultar lo que sucede en Italia aunque estés en Malasia.
La proliferación de blogs y páginas de Facebook me recuerda a la ola que vivimos en los años sesenta con las radios libres. Al principio ofrecían una visión alternativa, pero a medida que se multiplicaron fueron homogenizando su estilo, hasta el punto en que era imposible diferenciarlas entre sí.
Eso está sucediendo ya en Internet. Tenemos información alternativa. Pero también información alternativa a la alternativa. Y, cómo no, una alternativa a la alternativa de la alternativa. Yo lo llamo la mermelada comunicativa. No obstante, aún no hemos captado la dimensión del fenómeno.”
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Quien las ha pronunciado no es, sin embargo, ningún apocalíptico, según esta casi opuesta noticia. Se trata nada menos que de Umberto Eco, inventor de esa abismal máquina borgeana que es la biblioteca del El nombre de la rosa, y creador, claro está, del personaje central de la novela, fray William de Baskerville, franciscano y discípulo de Francis Bacon, este último gran propulsor del método científico en tiempos pre-científicos.
