Escribir como se habla

En el mismo artículo citado en nuestra entrada precedente, su autor se interrogaba:

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¿Dejará el autor del futuro de escribir a mano o a máquina para hablar directamente con el archivo?. En la actualidad lo puede hacer de manera indirecta, hablando a una estenógrafa o a un cilindro de cera o cerámica, pero se encuentran presentes todos los elementos para, si así lo desea, conseguir que sus palabras habladas den como resultado directo un archivo mecanografiado. Todo lo que necesita es utilizar los mecanismos ya existentes y alterar su lenguaje. [...] En los Laboratorios Bell existe una máquina [...] que se denomina Vocoder, en la que el altavoz se sustituye por un micrófono que captura el sonido. Si se habla a través del micrófono, se puede observar cómo se mueven las correspondientes teclas. Este podría constituir, pues, uno de los elementos del sistema que estamos describiendo a lo largo de este escrito.

El otro elemento sería el taquígrafo, ese en cierto modo desconcertante aparato que podemos encontrar, por lo general, en ciertos acontecimientos públicos durante los cuales una señorita pulsa lánguidamente unas teclas mirando hacia la sala o hacia alguno de los oradores [...]. Si combinamos los dos anteriores elementos, haciendo que sea el Vocoder el que opere el taquígrafo, obtendremos como resultado una máquina capaz de escribir a medida que se habla.

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Han transcurrido 64 años desde que Vannevar Bush imaginó esas arduas combinaciones pero, a juzgar por esta muy reciente noticia, todavía parece no haber demasiada suerte al respecto.

Puestos a hablar de tiempo transcurrido, volvamos al comienzo de todo. Hace unos dos mil setecientos años, un rapsoda procedente del Asia Menor jónica, de quien todavía se duda si fue un individuo o un grupo de personas bajo un nombre común, recorría los caminos mientras recitaba, en ferias y fiestas populares, sus propias obras a quien quisiera escucharlo. Los versos de esos recitados, reunidos, constituyen dos de las obras mayores de la épica universal: La Ilíada y La Odisea.

Hoy, las imaginaciones técnicas de un ingeniero visionario respecto de la voz humana no se perciben completamente factibles. Sin embargo, conmueve comprobar que sí, en cambio, es posible escuchar los textos homéricos -que fueron palabra hablada antes que escrita- en los actuales audiobooks y, nada menos, en las voces de actores espléndidos como Ian Mc Kellen y Derek Jacobi.

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